Plastic Kingdom

En el Valle del Río Guadalentín, especialmente en las zonas más altas ya cercanas a las faldas de Sierra Espuña, abundan los cultivos de uva de mesa, con frecuencia se protegen las parras con capas de plásticos que suelen ser blancos y brillantes. Estos plásticos se colocan extendidos sobre las plantas y sirven para minimizar los posibles daños producidos por lluvias intensas, pedrisco, etc..    Cada cierto tiempo los plásticos son retirados de lo más alto de las parras y se colocan sobre los sarmientos de tal forma que parecen personas:  novias, guerreros o espectros.    Cerca de donde vivo existen multitud de estas explotaciones y durante un tiempo, cuando pasaba cerca de alguna de ellas, pensaba que podría contar una historia fantástica, la de un reino de seres encadenados a su propia inmovilidad, que esperan indefinidamente algún suceso que los libere de su destino, pronto entendí la semejanza de nuestra propia existencia como seres humanos también encadenados e inmóviles  -a veces sin tener consciencia de ello-  a nuestra propia naturaleza mortal, a nuestros propios temores, miedos, anhelos y deseos en la rutinaria y alienante vida del siglo XXI, sin salida, sin esperanza, sostenidos sobre falaces conjeturas, caminando sobre la nada, en la angustiosa espera, el momento de la muerte.   Así fue como fui realizando fotografías durante varios años con película que a veces estaba caducada y sobre todo en digital.   Me pareció que el blanco y negro trasladaba mejor lo que quería expresar y este es el resultado.

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