The Wall

Todos los días paso junto al muro que hay en la carretera que baja hasta el pueblo, en primavera y en verano su nueva blancura a veces se confunde con el cielo.  Muchas otras veces, en los atardeceres claros de invierno el cielo arroja calidos azules y el muro se oscurece, pienso entonces en playas luminosas de aguas tranquilas y arenas blancas apagándose lentamente con la tarde.

Entre el muro y el cielo se distinguen formas: nubes, árboles y montañas,  a veces la luna se asoma detrás de su blancura, y otras, pequeñas aves cantan sobre él cuando nadie pasa por la carretera.  El muro cambia con el cielo, las horas y las estaciones, siempre el mismo, siempre distinto, listo para ser fotografiado.  Cuando llueve su color se agrieta y el agua que cae sobre él lo tiñe de bellos tonos ocres, otras veces en la noche cuando una luz triste lo ilumina, muestra fantasmagóricas sombras de primitivos ecos del universo.

Con frecuencia me pregunto que hay más allá de este muro, de todos los muros, separado de la otra parte. ¿Qué hay más allá?.  ¿Es este el mejor lado del muro?, o  ¿quizás debería estar en el otro?.  En todo caso pienso que existen demasiados muros: expresiones del miedo que nos encierran, nos axfisian, nos separan.

Todos nosotros andamos por la vida con nuestros propios muros, arrastrándolos a cada paso, estamos llenos de muros.  Llenos de fronteras, prejuicios, inevitablemente atrapados. La libertad es una sombra inalcanzable y aunque debemos luchar contra cada muro, a veces algunos son bellos y hay que fotografiarlos.

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